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domingo, 4 de noviembre de 2012

I - CONCURSO DE RELATO BREVE BIBLIOTECA RINCÓN DE LA VICTORIA


Dada la afición y los buenos escritores que coexisten en nuestra Asociación, divulgamos la noticia que nos pasa en su buen hacer nuestro compañero "El Perchelero" acerca del I-Concurso de Relato Breve, que a través de la Biblioteca Antonio de Hilaria de Rincón de la Victoria, organiza el Área de Cultura, Ferias y Fiestas del Exmo. Ayuntamiento de Rincón de la Victoria.


Para mayor información entrar en el siguiente enlace dónde se encuentran definidas las bases del concurso :

  http://www.rincondelavictoria.es/?modagenda&id=116&cat=12&tip=2








ANALFABETO



Peret cantaba aquello de….”borriquito como tú,…. que no sabes ni la u…..”
El “an-alfa-beto” es el que no sabe “ni la  “a” (alfa), ni la “b” (beta), que son las primeras letras del “alfabeto” o “abecedario”, y si no sabe las primeras, se da por supuesto que no sabe las siguientes.

Pero hay muchos tipos de analfabetos, por ejemplo, “el analfabeto informático”, o sea yo, Tomás Morales, que no sabe la “beta informática” y de la “alfa informática”, sólo sabe la “a” minúscula, porque a la mayúscula no llego.

Me maravilla ver a antiguos alumnos hacer auténticas virguerías. Yo, inútil. Pero no siento envidia. Sí fascinación. No necesito tanto.

A base de hacerle caso a algún amigo ya no escribo, como al principio, directamente, sino que escribo el texto, lo “corto” y luego lo “pego”  en el blog. Sé esto y poco más.

No os riáis, pero es verdad.

Cuando, por casualidad, siguiendo los pasos, logré crear mi correo y mi blog, eso, para mí, fue como un milagro.

Se lo cuento a un antiguo alumno y me asegura que eso lo hace fácilmente un niño de primaria.

No me desilusioné, porque eso era lo que yo necesitaba, y lo había conseguido.

Ahora hago lo que más me gusta (además de pasear por la playa y saborear los boquerones en mi Carihuela), leer, escribir, enviar mis reflexiones por correo y colgar, lo escrito, en mi blog.

La web que tengo me la regaló mi yerno. Soy incapaz de colgar nada. Cuando algo aparece en ella es porque él me lo hace.

Con el correo y el blog  entro en contacto con mi alumnos actuales, mi antiguos alumnos, mis compañeros, …. Y otras personas que entran y comentan lo escrito, unos me ponen a parir y otros están de acuerdo. A ambos, siempre, les doy las gracias mientras esgriman razones y no descalificaciones.

 No es que esté orgulloso de mi analfabetismo informático, es que esa apenas “a minúscula” me facilita leer una enorme cantidad de revistas de filosofía, a las que estoy suscrito, escribir mis reflexiones y enviarlas o colgarlas en el blog.

Esa apenas “a minúscula” me hace feliz.

¿Hay, acaso, otro objetivo mejor en la vida?


Tomás Morales Cañedo
-Filósofo



TEJADOS CON VIDA, PARA LA IMAGINACIÓN Y LA HISTORIA

Sí, hay gustos y aficiones que se acomodan en todos los caracteres, modas y actitudes. Y en este artículo, que comienza en las intimidades de la reflexión y avanza por la senda inacabada del relato, debo referirme a ese placer indescifrable que muchos sentimos ante la visión, romántica e histórica, de la planimetría urbana en los barrios antiguos. Y por estos barrios, adormilados o gozando del letargo en sus estructuras edificatorias, es más que frecuente encontrar viviendas que cubren sus privacidades con esas cubiertas, a una o dos aguas, conformadas de tejas de arcilla o barro que, a modo de un mar sosegadamente ondulado, cierran el cielo íntimo de las casas. “Florecen” por aquí, muy cerca y, también, por todos los confines regionales que pueblan la humanidad.

Esta visión, teñida de un cálido y alegre sentimiento, puede percibirse a través de la fotografía u otros medios gráficos de grabación digital. Sin embargo, adquiere más impacto en nosotros el visionado directo de estos tejados y terrazas, con todo el encanto que sugieren y comparten. Siempre que ello sea posible, hay que localizar una plataforma en altura para, desde esta elevada atalaya, divisar mejor esas epidermis constructivas que cubren las casas individuales o las manzanas de pisos en comunidad. También, por supuesto, nos motiva el color. Importante elemento sensorial que nos ayuda a valorar o interpretar mejor nuestra observación. Prevalece, lógicamente, el marrón con tonalidad anaranjada, de las tejas de arcilla convencional. Sin embargo, podemos tener suerte y gozar del cromatismo verdoso, azulado o de otras cerámicas esmaltadas que exigen un mayor coste pero, al tiempo, una peculiar y placentera belleza ornamental. Todo tipo de tejas están ante nuestra visión: aquéllas recién puestas o envejecidas por el paso del tiempo; colores y calidades, a gusto del propietario o constructor; en perfecta alineación, o planteando alguna actitud rebelde en algunas. Pero casi todas con ese juego ondulado y alternativo, cóncavo y convexo, que facilita el discurrir del agua de lluvia o el blanco inmaculado de la nieve con el buen sabor a Navidad; también hay cubiertas plastificadas, donde predomina la uralita u otros materiales de protección; existen tejas que permanecen rotas, con el conocimiento o no del propietario y otras, ya reparadas, que aportan una heterogeneidad plástica a estas cubiertas protectoras para las inclemencias del tiempo. En “plásticas” ocasiones, dan cobijo a esos atrayentes ventanucos, guarnecidos de tejas, que son como los ojos de una cabeza que desean ver mejor el paisaje, asomarse al exterior desde esa última habitación o buhardilla, plena de sugerencia y encanto para quien tiene la posibilidad de disfrutarla. Podríamos seguir describiendo colores, formas y calidades, pero lo que verdaderamente nos ha de importar, tras su estructura triangular, con sus canaletas para la recogida del agua o con sus gárgolas embellecedoras, son los trozos de vidas que todas ellas se esmeran en proteger y salvaguardar.
Debajo de esos tejados laten y vibran cientos, miles por miles de vidas cuyas historias admiten y soportan todo un muestrario de adjetivos. Veamos, con la atención del sigilo y con el respeto de su hospitalidad, una de ellas. Se trata de un viejo edificio adosado de cinco plantas (con una buhardilla, para aquélla que está bajo la cubierta de tejas) algo reformado en sus servicios comunes, hace ya más de una década. Enclavado en una de las urbanas barriadas nostálgicas, que saben hablarnos de otros tiempos guardados en los archivos del almanaque. Muchos de los pisos del entorno están habitados por grupos de estudiantes. También abundan jóvenes trabajadores que tratan de abrirse paso, residiendo en la proximidad al centro de la capital madrileña. Es una zona de mentes liberalizadas, para las costumbres, las relaciones y los valores interpersonales. Como contraste sociológico, se intercalan familias de pocos miembros, generalmente personas ya de la tercera edad. Y, en este bloque, vapuleado por el paso de climatologías y calendarios, habita con su modestia y sencillez Encarna. Viuda, desde hace cuatro lustros, y con una existencia que se acerca a la inmediatez del octogenario en su DNI. Tuvo un hijo, al que aún sigue esperando en la memoria de sus deseos. No pocos le calificarían como un cabeza loca que, hace ya muchos años se fue al tercio y de él nunca más se supo. Pero ella aún sigue confiando en que su Lorenzo llame en la puerta y poder abrazarle y verle hecho toda una buena persona. Es una ilusión de madre, que se rebela ante todos los razonamientos y evidencias.

Ya hemos comentado que Encarna soporta su soledad, con la modestia de una pequeña pensión de su difunto esposo, también llamado Lorenzo, que fue un honrado funcionario de correos. De esos que sabían gastar, con afán y nobleza, muchas suelas de zapatos, presumiendo de su dominio habilidoso del callejero, memoria que él se afanaba en proclamar y ostentar por todo Madrid. Hoy, en la vida de esta mujer, las numerosas y heterogéneas grietas corporales la mantienen, prácticamente, recluida en su coqueto pisito, por el que parece que el tiempo se ha detenido en tres o cuatro décadas atrás. Los vecinos del bloque conocen perfectamente la limitación física, en movilidad, que le afecta. Por este motivo, su disposición solidaria es generosa y responsable, ante una persona que sabe hacerse querer por la bondad de su naturaleza. Sus convecinos le preguntan, casi todos los días, si necesita algo del supermercado. Le traen también algún plato caliente de esa olla compartida que a todos agrada. Y, sobre todo, le regalan ratitos de conversación para esas tardes que se hacen muy largas, sólo con la compañía de las imágenes que emiten las diferentes cadenas de televisión. Ayudándose de un pequeño bastón, se desplaza con lentitud e inseguridad, para las necesidades propias de su aseo, alimentación y descanso, por los vericuetos sencillos de su pequeña vivienda. Nunca trabajó, fuera del hogar. Era su marido quien se encargaba de conducir el timón laboral familiar, en la mentalidad sociológica de épocas pretéritas en el tiempo. Y así es la existencia de Encarna Cifuentes, para la igualdad de los días, en uno de esos trozos de vida que amanecen y atardecen bajo ese tejado, objeto preferente de nuestra atención y curiosidad.

“Hola, mamá ¡Cuánto, cuánto tiempo ha pasado! ¿Verdad? Te veo muy bien, aunque a todos nos supera el tiempo por las travesuras inevitables del minutero. Sé que no me he portado bien contigo. Lo reconozco. Lo siento. Y que has tenido que sufrir, por mi irresponsabilidad. Ya ves… cosas y respuestas de una juventud alocada y carente de sensatez. Allá en Ceuta, viví muy rápido, demasiado sin duda, para una prudencia que no supe ver en el momento necesario de la oportunidad. Los placeres artificiales de aquí y allá, me sumieron en el descontrol y la impudicia. Aquello tenía que acabar mal, como efectivamente así sucedió. Abandoné el campamento y, por el abismo de la delincuencia, encontré un justo castigo para mis errores y desequilibrios en las respuestas. Pero, aunque te cueste trabajo creerme, siempre os recordé con respeto y afecto, pero sin ánimos, ni voluntad, para llamar a vuestra puerta. Pero estas leyes nunca, nunca fallan. Y, hoy, nos hemos vuelto a encontrar. Los dos. El destino en las personas no admite discusiones u otro tipo de negociación. Así son las cosas, en este mundo que nos tocó vivir. Déjame, al menos, que te bese. Fuiste, siempre fue así, una buena madre. La mejor… de las madres”.
Aquella mañana, su vecina de planta Mely le traía, como solía hacer con frecuencia, un tazón de ese café bien cargado que tanto gustaba a Encarna. Llamó en el timbre de su puerta, a poco más de las 9 y treinta, utilizando a continuación una llave que tenía en casa, para evitarle el esfuerzo de desplazamiento hacia la puerta. Al no verla, ya sentada en la mesa camilla, junto a la terracita, pensó que se habría quedado adormilada. Pronunció su nombre en voz alta en un par de ocasiones, sin encontrar respuesta alguna a sus requerimientos. Efectivamente, Encarna aún permanecía en la cama, bien abrigada, pues hacía un otoño muy frío en esos meses que ponen fin al calendario. Dormida, y acurrucada entre las sábanas, con un semblante que reflejaba placidez y serenidad, a modo de una tierna y agradable sonrisa. Al paso de los minutos, los servicios sanitarios certificaron con profesional diligencia la situación. Otros muchos vecinos acudieron de inmediato a ese 4 C, ante el imprevisto conocimiento del hecho. Desde cualquier parte, allá en la inmediata lejanía, esta apreciada mujer les agradecía tantos ratos y atenciones de solidaria convivencia. Y el tazón café quedó esperando, junto a la esquina huérfana de la mesa, a ese invitado que supiera apreciar la compañía de su buen sabor y calidad.-



José L. Casado Toro (viernes 3 agosto, 2012)
Profesor
http://www.jlcasadot.blogspot.com/


miércoles, 31 de octubre de 2012

EXCURSIÓN A MEDINA SIDONIA

El pasado sábado día 20, y desde el lugar de partida habitual, el Banco de Santander, salimos casi ciento treinta personas hacia Medina Sidonia, excursión organizada por “Viajes de Película” como obsequio del viaje a los Países Bajos realizado por Amaduma este verano.

Con objeto de que también pudieran disfrutar de este día de asueto todos los asociados que lo quisieran, se dispuso de otro autocar, con un menor número de plazas, y los tres salimos desde nuestro punto de partida hacia tierras gaditanas apenas pasadas las ocho de la mañana.

Nos dirigimos en primer lugar al mesón donde estaba previsto el desayuno; un desayuno típico de estas tierras, abundante y bien servido. Eran aproximadamente las nueve de la mañana cuando los autobuses enfilaron hacia nuestro destino.

Recorrimos la costa oeste malagueña cubierta de edificaciones (no se han librado del ladrillo ni siquiera las montañas) y cuando dejamos atrás Manilva, el panorama cambió. La provincia de Cádiz nos fue mostrando una costa mucho menos esquilmada por el cemento masificador.

Hacía un día espléndido a pesar de las amenazas de lluvia y llegamos sin novedad a Medina Sidonia sobre las once de la mañana, donde nos esperaban los guías para hacer el recorrido de la ciudad.

En la zona alta, con la iglesia de Santa María Mayor la Coronada destacando en la cima pudimos disfrutar de una magnífica panorámica. Fuimos descendiendo por calles blancas y muy empinadas hasta llegar al Museo etnográfico donde están reconstruidos los usos y la forma de vida de este pueblo a través de los años, y que resultó muy instructivo.

Desde allí nos dirigimos a la espléndida calzada romana que se conserva intacta a pesar de los siglos transcurridos y más tarde al conjunto arqueológico de las cloacas romanas y de las conducciones de agua bajo tierra cubiertas por los cristopórticos, que hacían recordar las catacumbas. Fue una visita muy interesante y nos hizo comprender, una vez más, la asombrosa civilización romana, de la que se conservan, todavía, tan magníficas huellas.

Caminamos por las encaladas y limpias calles con sus casas típicamente enrejadas en las que se podían entrever unos hermosos y floridos patios, y terminamos desembocando en la Plaza Mayor desde la que llegamos caminando hasta los autobuses para desplazarnos a comer.

Ya en Conil, un restaurante con varios patios llenos de flores nos ofreció una abundante y sabrosa comida, tras la cual fuimos descendiendo hasta la zona de playa no sin antes visitar la Torre de Guzmán (las vistas desde la terraza de la misma eran espectaculares) y también ver el pequeño museo etnográfico, situado en la misma plaza.

En el mismo Paseo Marítimo nos esperaban los autocares para el regreso. Quedé francamente sorprendida al observar, que entre éste y la playa, se había respetado una amplia franja de flora autóctona, y para atravesarla sin que se dañara se han construido unos estrechos y encantadores puentecitos que permiten el acceso al mar.

Admirada, comenté con la guía mi extrañeza, y me dijo que todo el pueblo había puesto el mayor empeño en mantener esa hermosa zona verde y hasta el día de hoy lo habían conseguido.

No quisiera hacer comparaciones, pero aunque el dicho popular mantenga que éstas son odiosas, conviene recordar las barbaridades que se han cometido en nuestra costa, construyendo al borde del mismo mar y así se puede comprender que haya sido el caldo de cultivo para tanta corrupción, de la que se está juzgando ahora una pequeña parte.

Sobre las cinco y media de la tarde iniciamos el regreso y tras una breve parada “técnica” llegamos a Málaga después de haber disfrutado de un día agradable.



Mayte Tudea

domingo, 28 de octubre de 2012

Compañeros, os recordamos que el próximo día 30 martes a las 20 horas y en el Salón de Actos de Cajamar (Alameda Principal esquina C/Córdoba), se va a llevar a cabo una conferencia organizada por esta Asociación, en la que de nuevo nos va a deleitar la Profesora Asociada del Departamento de Arte de la Universidad de Málaga y restauradora de : Pintura, escultura y arqueología Dñª Estrella Arcos Von Haartman, en esta ocasión la conferencia llevará por título : "LA BELLEZA EN LOS SUELOS".

Esperamos no falteis contamos con vuestra asistencia.

ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES

“España es diferente”, dicen y, de hecho lo es, tanto para lo bueno como para lo malo. Pero creo sinceramente que estamos rayando ya el esperpento.

Copiando la fórmula de gran poeta Jorge Manrique, diría:

¿Qué se hizo de aquellos acuerdos tomados en la época de la transición donde todos los partidos aparecían unidos en la misión de conseguir una España mejor?

Destrozarlos en luchas fratricidas entre el mismo pueblo, los partidos y las autonomías. Luchas por el poder, por imponer sus valores, sus ideologías, sus recursos naturales, sus reivindicaciones y un largo etcétera.

¿Qué de aquellos maravillosos planes de estudios que aunaban contenidos completos y fiables, responsabilidad, esfuerzo y constancia?

Cargárnoslos con los diferentes planes siguientes que rebajaban cada vez más los contenidos, a veces, muy tergiversados según conviniera, a sus objetivos, prolongándolos o mermándolos y dando a los alumnos cada vez más posibilidades de pasar de curso que hacían casi innecesario esforzarse.

¿Qué se hizo de nuestros símbolos, los que nos aunaban, los que respetábamos, los que nos representaban a todos?

Los símbolos hoy ya no son lo que eran porque los menospreciamos creyéndonos muy por encima de ellos. Y de esto tampoco son ajenos los políticos. El problema es su falta de coherencia que es evitar todo aquello que sería políticamente incorrecto pero esencial para un buen gobierno. Hoy sólo unen los colores de “la roja” o sea, el fútbol y poco más.

¿Qué se hizo de aquella España unida por la misma historia que nos llenaba de orgullo?

Vivimos tiempos difíciles como muchos otros en etapas anteriores pero algo ha cambiado. El mosaico español está dividido en…..Autonomías, no muy hermanadas hoy día y partidos políticos enfrentados.

Aquí nadie pierde con dignidad y desde el día siguiente de las elecciones, sólo se dedican a echarle una mano al cuello al que ganó. El “no” por bandera.

Muchos de los que nos gobernaron o aún nos gobiernan, cada uno “va a su bola”. Algunos se dedican a mirar el cielo y contar nubes, otros a robar todo lo que pueden, muchos a vivir del cuento, ocupando cargos caídos del cielo con sueldos y jubilaciones millonarias pasando el día mano sobre mano. Las clases medias van a sus trabajos, si lo tienen, arrastrando los pies y con miles de problemas encima pero se contenta porque aún conserva su empleo y las más desfavorecidas, pasa el día buscándolo, entregando currículos, haciendo colas en el Inem, en los centros benéficos para obtener algo de comida o un lugar donde dormir.

¿Qué se hizo de aquella juventud que tenía expectativas de futuro, que podía emanciparse a los 20 años y se casaba casi con lo puesto, tenía hijos y disfrutaban con ellos?

Los adolescentes fuman y beben como los adultos cada vez antes y más. La mayoría adolece de responsabilidad y esfuerzo. Aprobada la selectividad, llegan a la Universidad a estudiar carreras con muy difícil salida, más aún, si no se tiene dominio de algún idioma que les abriría las puertas de marchar a otro país. Viven con los padres hasta los 30, con suerte sin aportar nada, encadenando relaciones, porque ¿a quién le importa que otros sufran? Cuando se casan, igual. Pronto se cansan y buscan otras parejas. ¿Y los hijos y su sufrimiento? ¡Qué más da! Tengo derecho a ser feliz, aducen.

¿Qué de aquellos valores espirituales, morales, sociales…?

Los valores están por los suelos. Se ha perdido el respeto no sólo a los padres, profesores y compañeros sino también a los mayores, antes un referente, ahora un estorbo, dejándoles en la soledad más absoluta y avocándoles a terminar sus días en un asilo.

Se aborta como si fuera algo normal, los no creyentes se casan por la Iglesia, hacen que sus hijos se bauticen, confirmen la fe del bautismo, hagan la primera comunión mientras en sus casas se masca el rechazo todo lo que tenga que ver con la religión. Seguimos discriminando a los que consideramos distintos: Etnias, colectivos de diversidad sexual, inmigración, clases sociales menos favorecidas, es decir, vivimos para dentro, los demás no nos importan.

Y visto lo anterior, sólo me queda gritar “¡que paren el mundo que me bajo!” Pero ¿adónde voy? Tampoco tengo ya edad para irme al extranjero. Así que sólo me queda rezar pues yo sí creo.

En fin que esta España de “pachanga y pandereta” como la denominó Machado, ya no será la misma, ¿mejor o peor? Eso habrá que verlo. Y, lo único que siento es que a mí ya no me dará tiempo porque estaré ya en otra esfera o a punto de volver a reencarnarme.

Mª Luisa Vazquez Arredondo

viernes, 26 de octubre de 2012

EL NÑO LAS MORAS


Juan ternero Mingorance, “Niño de las moras” nació en Málaga, el año 1866, en la calle Olivar en la barriada de el Palo. En su infancia trabajó tirando de la traya en las barcas de pesca de las playas paleñas. Sus primeros cantes los interpretó, pegado al mar, en el merendero de Miguel Hernández, conocido como “ miguel el de la sardina”. Este merendero se hizo popular por la visita que hizo el rey D. Alfonso XII.

Tenía Juan unos diez años cuando un grupo de aficionados flamencos llegaron al citado merendero y escucharon al niño. A los quince años Juan comenzó a trabajar vendiendo moras, que pregonaba cantando con un estilo propio, de ahí su nombre artístico y el celebrado pregón de “asomarse a los balcones, mujeres guapa y hermosas, y veréis vender las moras, moras mauritas, las moras, y al moral me voy, del moral me vengo, al amo las compro, por las calles las vendo, moras, mauritas, las moras”.

Su primer contrato como cantaor flamenco se lo hizo el dueño de la venta “Las terrazas” de Ciudad Jardín (Málaga). Sobre 1903 el niño de las moras comenzó a actuar en varios cafés cantante de Málaga, destacando entre ellos al celebre café de Chinitas. Trabajando en este último conoció a D Antonio Chacón, quien lo contrato para el café Cantante “ El Tronio” de Sevilla. Allí canto junto a Miguel torre Escacena, Niña de los Peines, Fernando de Triana, Manuel Vallejo, cojo de Málaga, etc. En esta época actuó con D Antonio Chacón y la niña de los Peines por los cafes cantante de Andalucia, Madrid, Barcelona y Cartagena… y también en los pueblos de Málaga donde hervía la afición flamenca Rona Velez-Málaga, Alora, Totalán, etc.

En 1918 actuó en Francia y grabó sus pregones de las moras. Por esa misma época hizo una gira a Melilla, Tánger y Tetuán, donde lo acogió un residente español, buen aficionado. De vuelta de Tetuán frecuentaba las ventas de Málaga como venta la Caleta. La Apariciana, Los Platillos, Venta Conejo, etc. También se dedicó a cantar en numerosas fiestas privadas.

En su barriada de El Palo cantó en espectáculos flamencos que se celebraban en el Imperial Cinema.



Alupe